De dónde ha salido esta loca idea de que para que un niño mejore, primero tenemos que hecerle sentir peor. Los niños se comportan mejor cuando se sienten mejor. (Jane Nelsen)

Casi todos los niños y adolescentes se comportan de forma desafiante en algún momento. El entorno desafiante en el que crecen los niños puede agravar aún más los problemas de comportamiento. Para ayudarles a desarrollar las habilidades sociales y vitales necesarias para su buen desarrollo, utilizamos un modelo de gestión del aula conocido como disciplina positiva.

Jane Nelsen desarrolló este modelo basándose en el trabajo de Alfred Adler y Rudolf Dreikurs. Sostiene que muchos modelos tradicionales de disciplina consideran que ésta es sinónimo de castigo. La disciplina positiva, en cambio, busca formas más eficaces de moldear el comportamiento de los alumnos. Les anima a desarrollar el autocontrol, a aprender de sus errores y, en última instancia, a tomar decisiones positivas para sí mismos.

¿Es permisiva la disciplina positiva?

Aunque la disciplina positiva evita las sanciones punitivas, sería un error suponer que es permisiva. La tolerancia total no es beneficiosa para el desarrollo de los niños; necesitan un contexto en el que puedan encajar.

Por eso debe haber consecuencias por romper las reglas. Sin embargo, en lugar de castigar, debemos centrarnos en ayudar al niño a alinear su comportamiento con las expectativas de los demás. Le preguntamos: ¿Cuál sería una mejor solución la próxima vez? ¿Cómo puedes encontrar una manera de resolver este problema? ¿Quieres que te ayude a resolverlo?

También se anima a los niños a implicarse más en las normas de la casa creándolas antes, o en el caso del colegio, exponiéndolas al principio de la lección. Aunque el padre o profesor guía al niño, cada uno tiene la oportunidad de expresar su opinión y establecer sus expectativas. De este modo, la disciplina positiva contribuye a crear un aula democrática en la que cada niño puede sentirse a gusto e importante. Cuando esto ocurre, su comportamiento mejora significativamente porque se sienten respetados, escuchados y valorados.

Comprender los comportamientos inadecuados

Cuando se califica a un niño de «mimado», en muchas ocasiones se ignora la causa fundamental de su comportamiento. Por ejemplo, si siempre reclaman atención en clase, es posible que no reciban suficiente atención en casa. Su comportamiento, aunque sea inapropiado, es un intento de satisfacer una necesidad que no está siendo satisfecha. No se comportan bien porque no se sienten bien en algún nivel.

Si podemos identificar una posible causa, podemos entender mejor al alumno. Esto, a su vez, nos ayuda a trabajar en su desarrollo conductual a largo plazo.

Para ello, animamos a los alumnos a comprender mejor sus sentimientos. Por ejemplo, cuando un niño se pone histérico, es muy fácil reaccionar pegándole y gritándole. Pero esto suele empeorar la situación. El estallido de ira es probablemente causado por un deseo de llamar la atención. Los gritos como respuesta llaman la atención, aunque sean negativos. Así, es más probable que vuelvan a ponerse histéricos en el futuro.

Lo idóneo sería no responder gritando, sino modelamos y reflejamos el comportamiento que queremos ver en el niño. Respondemos con calma y, en algunos casos, ignoramos las rabietas para que el alumno no reciba una atención negativa. Hacemos que el niño se detenga y le preguntamos: «¿Quieres salir un rato? Luego, cuando te sientas preparado para unirte a nosotros, puedes volver a la clase».

En este punto, podrías salir de la habitación o del aula con el niño y hablar con él sobre sus sentimientos. Este es un paso importante. Permite lo que el neurocientífico Dan Siegel llama un proceso de «nombrarlo para domarlo» en el cerebro. Cuando los niños son capaces de identificar ciertas emociones, son más conscientes de lo que sienten. Sólo entonces podrán trabajar para controlar sus emociones.

Cinco criterios de disciplina positiva

Nelsen enumera cinco criterios para la disciplina positiva:

  • La disciplina positiva es amable y estricta al mismo tiempo, para que se respeten y se animen mutuamente. Si es meramente amable y cortés, probablemente sea demasiado suave. Si sólo es firme, es probable que intente controlar demasiado al niño. Hay que encontrar un equilibrio entre ambos.
  • El objetivo de la crianza positiva es establecer una relación con el niño para que tenga un sentido de pertenencia y propósito. Cuando los niños se sienten conectados, se sienten y se comportan mejor.
  • El castigo puede tener un efecto a corto plazo en el comportamiento del niño, pero tiene consecuencias negativas a largo plazo. Sin embargo, la disciplina positiva es mucho más eficaz a largo plazo. Tiene en cuenta lo que los niños piensan, sienten, aprenden y deciden sobre sí mismos y su mundo. Les ayuda a comprender lo que deben hacer en el futuro para sobrevivir y desarrollarse.
  • La disciplina positiva enseña a los niños importantes habilidades sociales y vitales. Estos incluyen, entre otros, el respeto, la empatía, la resolución de problemas y la cooperación.
  • La disciplina positiva desafía a los niños a ver lo capaces que son. Se les anima a utilizar su fuerza personal y su independencia de forma constructiva, lo que les da muchas más posibilidades de éxito en el futuro.
Niños en clase sentados unos frente a otros en mesas juntas

¿Cómo es la disciplina positiva en la práctica? He aquí algunos ejemplos.

Supongamos que tenemos a un niño que es un líder y le gusta siempre estar al frente. Sin embargo, esto no siempre es posible. El peligro es que entre en una lucha de poder con el profesor. Para evitarlo, consideramos que lo más apropiado es utilizar la disciplina positiva.

A veces, al entrar en el aula, el alumno quiere sentarse donde quiera. Si no es posible, puede negarse a sentarse. En este caso, le damos dos opciones para sentarse en clase y le decimos que puede elegir una de ellas. En sólo 20 segundos o menos, decidirá y se sentará en una de las dos opciones. Si le damos la posibilidad de elegir, podemos satisfacer su necesidad de independencia. Al mismo tiempo, no hemos renunciado a nuestro poder y control. Tiene libertad dentro de unos límites claramente definidos.

Es importante resaltar que no es lo mismo ofrecerle sentarse donde él quiera, a dos opciones propuestas por nosotros. Los límites deben existir.

Otras veces, el mismo alumno puede negarse a participar en las clases porque no quiere. Hemos descubierto que si le damos una tarea útil, como rellenar el libro de asistencia de la clase, es mucho más obediente. Aunque sea una tarea sencilla, la hace sentir valorada y que está contribuyendo. Esto le hace creer que puede aprender, mientras que antes su falta de confianza le impedía participar.

Otras estrategias para educar positivamente

  • Instrucción positiva. Cuando se le dice a un niño que no haga algo, por ejemplo «no grites», no siempre tiene una idea clara de lo que debería hacer en su lugar. Es mucho mejor decirles que hablen en voz baja: esto les dará una idea clara del comportamiento esperado. Siempre que es posible, intentamos darles estas instrucciones.
  • Señales silenciosas. Cuando todo el mundo en la clase es ruidoso y está excitado, el profesor puede tener la tentación de intentar controlar a los alumnos levantando la voz. Sin embargo, en este contexto, la señal de silencio es muy fuerte. Por ejemplo, cuando necesitamos que todos los alumnos se callen, a menudo nos ponemos el dedo en los labios y esperamos hasta que estén dispuestos a escuchar. Al principio, a menudo teníamos que esperar un rato antes de que todo el mundo se calmara. Sin embargo, ahora los alumnos reconocen la señal y se calman mucho más rápido que antes.
  • Saludos cordiales. Cuando nuestros alumnos entran en el aula, les saludamos cordialmente y les preguntamos cómo están. Si se sienten particularmente mal o bloqueados, poder expresarse libremente puede ser muy catártico para ellos. Se calman y están mejor preparados para aprender.
  • Disposición de la clase. Los estudiantes junto con el profesor se sientan en forma de herradura, lo que crea una sensación de apertura. No hay mesa de profesor. En lugar de construir un «muro» entre el profesor y los alumnos, crea un espacio más democrático. Esto es igualmente aplicable a actividades o a las horas de los deberes en casa.

Tanto en casa como en el aula hemos nuestra labor es la de darles las herramientas necesarias para que se conviertan en niños felices, bien adaptados y apasionados por el aprendizaje.

También te puede interesar:
Qué puedo hacer para ayudar a mi hijo a desarrollar una actitud positiva