La disciplina positiva es una técnica de crianza centrada en la amabilidad, la confianza y la conexión. Por eso algunos expertos dicen que es la forma ideal de enseñar a los niños a distinguir el bien del mal.

¿Respondes al mal comportamiento de tu hijo/a con gritos, sermones o retirando privilegios? Quizá debas replantearte tu método disciplinario. «Los niños no aprenden cuando se sienten amenazados», dice la doctora Jane Nelsen, autora de la serie “Positive Discipline” y consejera matrimonial, familiar e infantil. Es posible que tu hijo cumpla con sus exigencias porque tiene miedo de lo que pueda pasar si no lo hace, y NO porque haya comprendido algo sobre el bien y el mal».

Hoy en día, algunos expertos recomiendan la «disciplina positiva en casa», una técnica de crianza centrada en la amabilidad y la confianza. Según el doctor Ari Brown, pediatra y autor de Baby 411 y Toddler 411, «la disciplina positiva significa que muestras respeto, escuchas, recompensas el buen comportamiento y le recuerdas a tu hijo que le quieres mientras le enseñas lo que está bien y lo que está mal». Estas acciones afirmativas hacen que tu hijo se sienta respetado y querido, lo que a su vez debería fomentar un comportamiento positivo en el futuro.

¿Quieres incorporar la disciplina positiva a su propia vida? Sigue leyendo para saber más sobre esta técnica disciplinaria.

Madre mostrando apoyo y comprensión a su hijos como ejemplo de Disciplina Positiva en casa
Mostrar apoyo y comprensión a los hijos es fundamental si se pretende aplicar la Disciplina Positiva en casa

¿Qué es la disciplina positiva? Métodos y técnicas clave

La Dra. Nelsen creó el modelo de disciplina positiva para inculcar habilidades sociales y vitales de forma respetuosa y alentadora. Establece cinco criterios clave para la disciplina positiva:

  • La disciplina positiva es amable y firme a partes iguales.
  • Ayuda a los niños a desarrollar un sentimiento de conexión (pertenencia y significado).
  • Los efectos son duraderos.
  • Crea un buen carácter en los niños al enseñarles habilidades sociales y vitales.
  • Muestra a los niños que son capaces y que pueden utilizar sus poderes personales de forma constructiva.

Los defensores de esta técnica de crianza positiva no quieren eliminar por completo la disciplina. Lo que quieren es crear una «jerarquía cariñosa» que ayude al niño a sentirse seguro y protegido, dice la doctora Shauna Shapiro, profesora, conferenciante y coautora de Mindful Discipline: A Loving Approach to Setting Limits and Raising an Emotionally Intelligent Child.

La disciplina positiva tiene como objetivo llevar a los niños en la dirección correcta, y permite a los padres ver la disciplina como una herramienta instructiva que enseña el bien y el mal. «Si dejas que tu hijo pequeño lleve la voz cantante, te perseguirá a medida que crezca y lo que está en juego sea mayor. Esta semana, exige caramelos en la cola del supermercado. Más adelante, será ir a una fiesta en la que haya menores bebiendo o consumiendo drogas», dice la doctora Brown, y añade que la clave para una disciplina eficaz es tener un plan, establecer límites y cumplirlos.

Los beneficios de la disciplina positiva

Aunque la «disciplina negativa» no existe realmente, los defensores de la disciplina positiva no creen en los castigos verbales y físicos para los niños. Estas estrategias suelen desencadenar miedo, desconfianza y baja autoestima. «Cuando nos avergonzamos a nosotros mismos o a otras personas, las partes del cerebro que tienen que ver con el aprendizaje de nuevos comportamientos se apagan», dice el doctor Shapiro. «La vergüenza y el autojuicio roban al cerebro la energía que necesita para cambiar, por lo que los comportamientos que queremos que los niños cambien se quedan estancados». Cuando se responde al mal comportamiento con negatividad, es más probable que el niño vuelva a actuar así. A largo plazo, esto puede provocar problemas de autoestima y confianza. 

Por otro lado, la disciplina positiva ayuda a los niños a sentirse motivados, animados, conectados y capacitados. Los expertos también afirman que, a largo plazo, conduce a la estabilidad emocional, la confianza y la amabilidad. Además, según el sitio web oficial de Positive Discipline, los adolescentes que perciben a sus padres como «amables y firmes a la vez» tienen un mayor éxito académico y un menor riesgo de abuso de sustancias.

¿Quieres incorporar el método de la disciplina positiva a tu vida?

Sé un buen modelo de conducta.

Según Shapiro, la disciplina positiva siempre comienza con los padres. «Tienes que hacer un cambio en tu propia vida: empezar a integrar la atención y la compasión», dice. Tus hijos aprenderán de este comportamiento, y empezarán a actuar con amabilidad a cambio.

Sé coherente.

Mantén tus directrices sin dar marcha atrás. De lo contrario, los niños pensarán que pueden saltarse las normas cuando quieran.

Sé tranquilo y breve.

No es necesario alargar el castigo con sermones; los comentarios breves y dulces son igual de eficaces.

Sé rápido.

Disciplina a tu hijo lo antes posible, incluso si estáis en público, para que quede claro el motivo del castigo, sugiere la doctora Brown.

Elige tus batallas.

No todos los malos comportamientos merecen el esfuerzo de la disciplina; a veces los niños simplemente se comportan como niños. Por ejemplo, puede castigar a su hijo por pegar a un hermano, pero ignorar un comentario mezquino hecho justo antes de acostarse. 

Sé realista.

¿Realmente esperas que un niño de 4 años se quede sentado en silencio durante una hora de camino al supermercado? El Dr. Brown dice que los padres deben tener expectativas razonables para sus hijos.

Sorprende a tu hijo siendo bueno.

«Su hijo anhela su atención. Los niños prefieren la atención positiva, como los abrazos o los elogios, pero también aceptan la atención negativa, como los gritos. Así que si elogias a tu hijo por guardar sus juguetes, verás más ese comportamiento y no tendrá que recurrir a conductas groseras para llamar la atención». – Dice El Dr. Brown.

Recuérdale a tu hijo que le quieres.

Recuerda que aunque tu hijo se porte mal, no se está portando mal por sí mismo. Siga su disciplina con abrazos y palabras amables, y luego siga adelante.

Ten en cuenta también que tu hijo no cambiará su comportamiento de inmediato. «Se plantan las semillas de la disciplina; no hay que esperar que el árbol crezca de la noche a la mañana», dice el Dr. Brown.

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