Como padre, nunca es fácil escuchar a tu hijo expresar pensamientos negativos o ver cómo se revuelca en emociones como la duda, la tristeza o la ira.  Por desgracia, la ciencia dice que es natural que las personas tengan más pensamientos negativos que positivos, y esto puede ser aún más cierto en el caso de los niños.

Este pensamiento negativo suele estar impulsado por el miedo, la duda o la vergüenza, que producen sustancias químicas que inducen al estrés en el cerebro. En última instancia, una actitud negativa puede moldear la forma en que un niño se ve a sí mismo y al mundo que le rodea.

Pero como padres, hay muchas cosas que podemos hacer para ayudar a nuestros hijos a desarrollar una actitud más positiva hacia ellos mismos y hacia el mundo.

¿Son malos los pensamientos negativos?

No existe una emoción «mala». Todos los pensamientos y sentimientos son válidos. Los pensamientos y sentimientos, tanto positivos como negativos, desempeñan un papel importante en la forma en que percibimos el mundo que nos rodea. Por ejemplo, la tristeza puede ayudarnos a afrontar los momentos difíciles, y si no tuviéramos sentimientos de vergüenza o culpa, no tendríamos una brújula moral.

El psicólogo danés Svend Brinkmann explica que la presión para pensar en positivo y ser feliz todo el tiempo ha convertido la felicidad en un «deber y una carga». Además, tratar de ser feliz todo el tiempo nos aleja de nuestros sentimientos, lo que simplemente no es saludable. De hecho, recientes investigaciones psicológicas demuestran que evitar las emociones es una de las principales causas de muchos problemas psicológicos.

Por estas razones, no se debe presionar a los niños para que eviten o rechacen las emociones negativas.¿Qué se puede hacer en su lugar?

Podemos fomentar el pensamiento positivo y las afirmaciones positivas.

En susititución, podemos enseñar a nuestros hijos a aceptar las emociones negativas y a procesarlas de forma saludable.

Según la investigadora de psicología positiva Barbara Fredriksson, el pensamiento positivo es importante porque amplía las posibilidades y abre la mente para desarrollar nuevas habilidades. El pensamiento positivo, dice Fredriksson, «expande y construye». También hace que los niños (y los adultos) sean más fuertes y resistentes a emociones con las que no estamos cómodos.

El neurobiólogo de la Universidad de Wisconsin, Richard Davidson, explica que el cerebro es «plástico» y puede entrenarse para ser más resistente a las emociones y responder de forma más saludable a determinados sentimientos. Esto puede lograrse realizando ejercicios mentales que ayuden a «reentrenar» el cerebro.

Practicando las habilidades que promueven la positividad, las personas pueden aprender a ser más positivas.

niña ayudando a regar las plantas con actitud positiva
Niña ayudando a regar las plantas de la terraza

1. Ayudar a los demás

Ayudar a los demás es obviamente útil para otras personas, pero también mejorará los propios sentimientos y actitudes positivas de tu hijo. Se ha comprobado que las personas que hacen voluntariado tienen una mayor autoestima y bienestar general que las que no lo hacen. 

Hacer cosas buenas nos convierte en personas más felices con el tiempo. Ayudar a los demás hará que tu hijo se sienta mejor como persona, experimentará la empatía y le hará sentirse útil, lo que le ayudará a sentirse más optimista y positivo en general a largo plazo.

Ayudar a los demás también está relacionado con el fortalecimiento del sentido de pertenencia, la paz interior y la gratitud. Tu hijo puede ayudar a los demás ayudando a un vecino anciano con el trabajo de jardinería o las tareas, ayudando a un amigo con los deberes o participando en una colecta de alimentos o ropa. También pueden convertir el voluntariado en un asunto familiar y ayudar regularmente en un comedor social u otra organización benéfica.

Un niño pequeño puede ayudarle en la casa, ayudar a sus hermanos pequeños a recoger los juguetes o a vestirse, o incluso acompañarle (y ser su «ayudante») mientras usted ayuda a los demás. 

Cuanto más ayude su hijo a los demás, más positivo será.

2. Apunta los momentos diarios de felicidad.

El Dr. Fredrickson explica que el pensamiento positivo puede provenir de reconocer y apreciar los pequeños momentos de felicidad y belleza. Estos sencillos momentos pueden ser una risa, un abrazo, una hermosa puesta de sol o el canto de los pájaros.

Una forma práctica de desarrollar esta habilidad con tu hijo es pedirle que lleve un diario donde anote todos esos momentos buenos, lo que Sandy Schwartz llama en Parent.co «Diario Maravilla». También puedes conservar uno y hablar de él con tu hijo semanal o diariamente.

En el Diario Maravilla, usted y su hijo anotan imágenes o momentos de la vida cotidiana que les parecen hermosos o extraordinarios: un arco iris, una buena acción o incluso el olor de las galletas recién horneadas. Tu hijo puede registrar estos momentos con dibujos, descripciones, poemas, etc.

Puede parecer poco, pero escribir sobre experiencias positivas puede tener un gran impacto en el pensamiento positivo. En un estudio publicado en el Journal of Research in Personality, se estudiaron 90 estudiantes universitarios y se dividieron en dos grupos. Un grupo escribió sobre una poderosa experiencia positiva cada día durante sólo tres días. El otro grupo escribió sobre un problema de control. Tres meses después, el primer grupo seguía de mejor humor y menos enfermo. 

Trabajando con el Diario de Admiración, tu hijo aprenderá a reconocer y buscar la belleza en todas partes, lo que le ayudará a desarrollar una visión más positiva del mundo y de sí mismo.

3. Establecer y alcanzar objetivos

Lista de Tareas con Post its
Lista de Tareas con Post its

La Dra. Fredrickson y sus colegas también creen que establecer objetivos ayuda a las personas a ser más optimistas, a pensar positivamente y a tener una mayor sensación de bienestar.

La doctora Gabriele Oettingen, profesora de psicología de la Universidad de Nueva York y de la Universidad de Hamburgo, explica que el pensamiento positivo por sí solo no ayuda a las personas a alcanzar sus objetivos. A veces, dice, «los soñadores no son hacedores».

A veces, las personas que son demasiado optimistas en cuanto a conseguir sus objetivos son incapaces de aprovechar las oportunidades que se les cruzan.

Para ayudar a su hijo a alcanzar sus objetivos y desarrollar un pensamiento positivo a largo plazo, también puedes probar a utilizar la estrategia WOOP del Dr. Oettingen, en la que tu hijo fija un objetivo que realmente le gustaría alcanzar.

  • Resultado – Involucre al niño en la visualización del mejor resultado que podría obtenerse al lograr ese objetivo. ¿Cómo sería ese resultado? ¿Qué aspecto tendría?
  • Obstáculo – Dé un paso práctico en el deseo y la visualización haciendo una lista de los obstáculos que podrían impedir que su hijo alcance el objetivo. Estos obstáculos pueden incluir el impulso de abandonar o desprenderse de algo, como el impulso de jugar con los juguetes o revisar el teléfono móvil.
  • Plan – Por último, desarrolle un plan para superar estos obstáculos si se presentan. Haz que el niño diga o escriba frases, como si/cuando [obstáculo], entonces [plan para superar el obstáculo] .

Prever y planificar los obstáculos aumenta las posibilidades de que tu hijo alcance sus objetivos, lo que le da más confianza y una actitud más positiva.

4. Compartir la positividad

Niña y Madre compartiendo risas
Niña y madre sentadas y riendo

Una de las formas más eficaces de enseñar a un niño la positividad es expresarla. Si aceptas y procesas tus emociones de forma saludable y la compartes, enseñas a tu hijo a hacer lo mismo.

También puedes compartir experiencias positivas con tu hijo. El Dr. Frederickson señala que «la positividad compartida -cuando dos personas se ven envueltas por la misma emoción- puede tener un impacto aún mayor en la salud que algo positivo que experimentan solas.»

Sugiere actividades tan sencillas como ver un programa de televisión o una película divertida y reírse juntos, compartir un chiste gracioso o una buena noticia, o el afecto físico. Todo lo que evoca sentimientos de alegría, satisfacción y amor contribuye al pensamiento positivo, especialmente si esas emociones se comparten.

«Una emoción positiva compartida – cuando dos personas se ven envueltas en la misma emoción- puede tener un impacto aún mayor en la salud que algo positivo experimentado en solitario».

Ríete con tu hijo, abrázalo, tómate el tiempo de prestarle atención y tener experiencias positivas juntos. Estos momentos compartidos profundizarán la relación con tu hijo y aumentarán su positividad y su salud, tanto física como emocional.

5. Reconoce sus habilidades
y ayúdale a desarrollar otras nuevas

Madre y niño mirándose y agarrandose las manos en alto

Reconozce los puntos fuertes de su hijo y dale la oportunidad de desarrollarlos y experimentar el éxito. Por ejemplo, si tu hijo tiene una bonita voz, permítele tomar clases de canto y participar en recitales. Si es una excelente jugadora de fútbol, apúntala a un equipo local. A medida que su hijo adquiere habilidades y éxitos, su confianza aumenta y desarrolla una actitud y una perspectiva más positivas.

Del mismo modo, probar cosas nuevas puede aumentar la confianza y la capacidad de recuperación. Anime a su hijo a probar un nuevo deporte, instrumento, juego o actividad. O si tu hijo expresa su interés por una nueva actividad, permítele que la pruebe. Si disfruta o tiene éxito en la nueva actividad, tendrá una visión más positiva de sí misma, de sus capacidades y de la vida en general.

Incluso puedes encontrar nuevas actividades que probar con tu hijo para reforzar vuestras experiencias positivas juntos. Apúntate a una clase de cocina, haz algún proyecto artístico o salid a patinar juntos.

6. Practicar afirmaciones positivas

Frase Yes We Can
Pensando en positivo, Sí Podemos!

Las afirmaciones positivas son sistemas de creencias enraizadas en la verdad universal. Son afirmaciones positivas que los niños o los adultos pueden repetirse a sí mismos para aumentar la autoestima, promover el pensamiento positivo y cambiar la imagen negativa de sí mismos.

Las afirmaciones son más eficaces si se deja que el niño las cree por sí mismo. De hecho, el poder curativo de las afirmaciones no proviene de decir palabras positivas en voz alta, sino de interiorizarlas. Su hijo también se apropiará del proceso y se comprometerá más con sus afirmaciones.

Guíe a su hijo para que invente afirmaciones cortas, positivas y en tiempo presente. He aquí algunos ejemplos.

En lugar de dar instrucciones a tu hijo o exigirle que diga afirmaciones, intenta utilizarlas de forma lúdica. Las investigaciones demuestran que los niños aprenden mejor a través del juego, así que convierte las afirmaciones de tu hijo en un juego al que jugáis juntos. Túrnense para reforzarse mutuamente y luego digan sus propias afirmaciones o inventen una canción o un baile.

También puedes colgar las afirmaciones de tu hijo en un espejo o en su habitación, o ambos podéis hacer un proyecto creativo con estas afirmaciones. Cuanto más a menudo repita su hijo las afirmaciones, más se las creerá, lo que acabará reduciendo la autoconversión negativa y fomentando el pensamiento positivo.

7. Habla sobre la bondad y la compasión

La Dra. Barbara Fredrickson descubrió que sólo seis semanas de práctica de una forma de meditación centrada en la bondad y la compasión conducían a más emociones positivas, conexión social e incluso a una mejora de la salud entre los participantes en su estudio.

En un estudio similar, el Dr. Richard Davidson descubrió que sólo dos semanas de entrenamiento en meditación sobre la compasión y la bondad provocaban cambios en los circuitos cerebrales que se asociaban a un aumento de los comportamientos sociales positivos, como la generosidad.

La meditación del amor consiste en pensar en los seres queridos y enviarles pensamientos positivos. Más adelante, el niño puede extender sus pensamientos positivos a otras personas neutras de su vida. El Dr. Fredrickson describe esta forma de meditación como «dirigir los deseos bien intencionados hacia los demás».

Las cuatro frases tradicionales son: «Sentirse seguro. Que te sientas feliz. Que te sientas saludable. Que vivas en paz. Pero no importa qué palabras uséis tú y tu hijo; lo importante es evocar sentimientos de amabilidad y calidez.

Practicar la creación de estos sentimientos entrena al cerebro para pensar de forma más positiva. También muestra a tu hijo lo fácil que es sentir compasión y amabilidad, lo que puede ayudarles a conectar más fácilmente con los demás y mejorar su bienestar general.

Resumen.
Mantener una actitud positiva es una tarea difícil para los adultos, y es aún más difícil para los niños. Sin embargo, nuestros cerebros pueden ser entrenados para ser más positivos participando en actividades positivas, y usted puede animar a su hijo a ser positivo.

No presione a su hijo para que se deshaga por completo de los pensamientos negativos, pero ayúdele a abrazar la positividad mediante las siguientes actividades:

Practica la meditación de la bondad amorosa enviando pensamientos positivos a los demás.
Ofrezca a su hijo oportunidades de voluntariado y de ayuda a los demás.
Enseñe a su hijo a apreciar los pequeños momentos de belleza llevando un diario de admiración.
Ayude a su hijo a establecer y alcanzar objetivos utilizando la estrategia WOOP.
Comparta experiencias positivas con su hijo y muestre una actitud positiva.
Anime a su hijo a desarrollar sus puntos fuertes y a probar nuevas actividades.
Pide a tu hijo que formule sus propias afirmaciones positivas para recitarlas.
A medida que su hijo participe en estas actividades, su cerebro se entrenará para ser más positivo y responder a las emociones de forma más saludable. Aumentarán su autoestima, su capacidad de recuperación y su sensación general de felicidad, y obtendrán una visión más positiva del mundo que les rodea.

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